Hoy nos despertamos de una forma agradable, los monitores estaban de lo más cantarín, y aunque no todos cantan igual de bien jejeje… pero fue muy guay.
Después de la limpieza hicimos un “Todo por mi equipo”: Jugger, baloncesto, brilé, vóley….
A media mañana nos reunimos para pensar en el último enigma de la mañana. Era la primera vez que el espejo nos mandaba buscar algo. El reino Tukumtu existió hace siglos cerca de la Pradeira, que fue donde se encontró el espejo.
Así que buscamos la gran piedra donde afilarían los cuchillos los habitantes de Tukumtu… y una gran piedra de la Pradeira coincidía con la descripción. Allí encontramos una pista que nos llevó a otra, a otra… hasta que, en medio de las piedras del molino encontramos el acertijo definitivo que decía: “Un reino, un rey, un hijo de hombre, un hijo de rey”.
Después de deliberar llegamos a la conclusión de que David era nuestro hombre. Así que repasamos la historia de ese joven pastor de ovejas que peleaba contra leones, el valiente que venció al gigante Goliat, el que llegó a ser rey de Israel elegido por Dios, aquel del que Dios dijo que era de la misma forma que su corazón.
Repasando la historia llegamos al momento donde David tuvo que escapar del rey Saúl, que estaba tan celoso de él que quería matarlo porque no quería perder el trono. David tenía que escaparse y nosotros nos escapamos con él.
Tuvimos un David en el campamento, y prometimos protegerlo y estar con él. Tuvimos que escapar corriendo de A Pradeira para no ser vistos y no nos quedó más remedio que comer en medio de un camino.
Después de comer seguimos avanzando por las tierras filisteas y llegamos a un lugar donde nos encontramos al propio rey Saúl… dormido delante de nosotros, al lado de sus hombres. Lo teníamos a tiro y pensábamos acabar con la amenaza de David, pero él no nos dejó hacerlo. Nos dijo que si Dios había puesto a Saúl ahí él no era nadie para matarlo. Tuvimos más ocasiones para acabar con Saúl pero David no nos dejó.
Tuvimos que cenar fuera, y no sabíamos si también tendríamos dormir en el bosque… y es que con la amenaza de Saúl no podíamos volver a Pradeira… pero no teníamos sacos, ni nada…. Malamente teníamos una sudadera cada uno y se estaba haciendo de noche.
Encontramos un gran árbol donde podríamos acurrucarnos todos y estar calentitos para dormir… pero algunos empezaban a preocuparse porque querían volver a las tiendas, pero no podíamos. Cenamos alrededor de aquel árbol… y en medio de la cena llegó corriendo un mensajero: “Saúl ha muerto, Saúl ha muerto”.
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